He salido fuera, a la luz de la luna (casi llena) a respirar un poco de aire fresco que mi privilegiada situación de vida campestre me permite, y allí entre las sombras nocturnas estaba ella, La Dama de la Noche, mi dama, desprendiendo una suave fragancia a jazmín que me ha embelesado. Me he quedado a su lado un buen rato, respirando esa armonía llena de suave fragancia, y me he sentido bien. Mañana toca ensayo, en un local con el sabor agridulce a cerrado, a humo y a sudor, así que si tengo que componer algo seguro que saldrá una más que curiosa mezcla.











































































































































































